¿Conoces bien las ventajas y las desventajas de la traducción automática? ¿Sabes por qué no deberías utilizar uno de estos sistemas en según qué documentos? Si no quieres arrepentirte de haber tomado una mala decisión, lee este artículo.

Tenemos que confesarte algo: la traducción automática nos parece un invento extraordinario.

Vaya por delante nuestro reconocimiento al desarrollo que ha experimentado la traducción automática en los últimos años y al enorme servicio que presta en muchas circunstancias. No estamos en contra de esta forma de traducción, ni mucho menos, ni nos sentimos amenazados por ella, al contrario, pensamos que puede resultar muy útil en muchas ocasiones y, sin duda, cumple una función.

El problema

Ya explicamos en otra entrada (Traducción automática y comida rápida) que la aparición y el desarrollo de esta tecnología se deben a que, gracias a la globalización, nunca antes había existido tal nivel de comunicación entre las personas y las empresas como en la actualidad. El intercambio global de ideas, información, contenidos, bienes y servicios es tal que ha llevado consigo un incremento exponencial de las necesidades de traducción.

El problema derivado de esta situación es que no existen suficientes traductores en el mundo para cubrir semejante demanda de traducción y, en caso de existir, no habría dinero suficiente para pagarles. De ahí la necesidad de esta tecnología que resulta tan útil para poder leer de forma inmediata páginas web escritas en otro idioma, o para hacernos una idea de un correo o una carta redactada en una lengua que no entendemos.

No obstante, y a pesar de sus muchas ventajas, la traducción automática no sirve para traducir textos complejos, como son los documentos jurídicos o financieros y, más en concreto, los contratos. Hoy te vamos a dar 5 razones para que no la utilices, al menos, como producto final si verdaderamente valoras el resultado.

#1 Falta de calidad suficiente

A pesar de que la traducción automática no es un invento reciente (se inventó en los años 50 del siglo pasado y cuenta con más de 60 años de desarrollo), no ha conseguido alcanzar todavía un nivel óptimo de calidad como para sustituir a la traducción humana. La cuestión de si algún día lo alcanzará es harina de otro costal, pero el hecho de que 60 años después todavía se encuentre en este estadio es un indicio bastante significativo.

El caso es que el lenguaje humano es, posiblemente, la creación humana más compleja que existe. Los idiomas son un desarrollo colectivo de millones de personas (hoy lo llamaríamos crowdsourcing) pertenecientes a un país o a una sociedad que se han ido elaborando a lo largo de muchas generaciones. Algo que no es tan fácil de replicar mediante unos y ceros por muy listos que sean los ingenieros que trabajan en ello.

Si has probado alguna vez a utilizar un traductor automático te habrás dado cuenta de que el resultado es, la mejor de las veces, pobre y solo sirve para tener una idea general del texto. Pero si no eres un experto conocedor del otro idioma, nunca vas a poder saber si la traducción es buena o completamente errónea. Por esto, no la utilices nunca para traducir un contrato.

#2 Los sinónimos

Uno de los problemas con el que los traductores nos peleamos todos los días es el de la sinonimia, esto es, las palabras que significan varias cosas distintas en función del contexto.

A la traducción automática le cuesta, por decirlo suavemente, interpretar el significado de una palabra dentro de un contexto. De forma que un mismo término podemos verlo traducido de dos formas distintas en el mismo párrafo. Un ejemplo muy claro y del que ya hablamos en este blog son los múltiples significados del término Equity. Podríamos poner muchos ejemplos más.

La semana pasada tradujimos una buena cantidad de documentos relacionados con un contrato de compraventa de materias primas en los que la palabra draft aparecía en varias ocasiones con significados distintos dentro del mismo contrato, incluso. En algunas de ellas se hablaba de Draft Survey, que no es un «borrador de encuesta» (como nos decía el traductor automático al que acudimos para ver qué salía), sino un método para medir la carga de los barcos mediante su peso en lleno y en vacio, y que se traduce dentro de la jerga marítima como «inspección de calados», ni más, ni menos. En otras, aparecía relacionada con los documentos de pago y se refería a una «letra de cambio documentaria». Casi nada, la diferencia. A esto nos referimos cuando decimos que el contexto lo es todo.

#3 Tecnicismos y jerga jurídica

Los tecnicismos son palabras con un especial significado dentro de un área de actividad y que tienen, dentro de esa área, un significado a menudo distinto al que tienen en el lenguaje común. Hace ya un par de años escribimos un artículo bastante extenso para la revista La Linterna sobre los tecnicismos de los contratos anglosajones.

Pues bien, el Derecho y las Finanzas son don campos de práctica profesional llenos de tecnicismos complejos que hay que saber traducir adecuadamente y diferenciar de su uso dentro del lenguaje normal, pues en un contrato estos términos tendrán efectos jurídicos que debemos conocer o saber interpretar. De lo contrario podemos entender algo totalmente distinto a lo que dice el contrato.

Hace algo menos escribimos en este blog sobre otro tecnicismo muy popular en la jerga jurídica anglosajona, que es subject to y que los traductores automáticos, incluso muchos diccionarios, suelen confundir con notwithstanding cuando expresa justamente lo contrario.

#4 El cambio de polaridad

Haciendo pruebas con diferentes motores de traducción automática hemos notado que uno de los errores que aparecen con cierta frecuencia en sus resultados es el de ignorar ciertas construcciones negativas que pasan a convertirse en frases positivas, y viceversa. Es decir, que estos sistemas no tienen muy claro que una frase es positiva y la convierten en negativa, y ocurre también que frases negativas las convierten en positivas. A esto le hemos llamado, con cierta ironía, el «cambio de polaridad». Aunque al abogado que redactó el contrato no creemos que le haga mucha gracia que se confundan derechos con obligaciones.

A modo de ejemplo te dejamos las siguientes frases y sus traducciones (erróneas):

(…) replacement of undamaged parts of

(…) sustitución de partes dañadas (cuando debería de ser «no dañadas»)

If you are an expert, consider the benefits of investing in…

Si usted no es experto, tenga en cuenta los beneficios de invertir en… (el original dice «si usted es experto»).

#5 Mala imagen o catástrofe completa

En definitiva, y como conclusión a lo anterior, podemos decir que si utilizas un software de traducción automática para enterarte de lo que dice, en líneas generales, un documento legal, a lo mejor tienes suerte y entiendes algo. Pero si lo empleas para traducir, en el mejor de los casos podrás tener problemas de imagen si se te ocurre publicarlo (que se lo digan a la Generalitat de Cataluña que hace unos años decidió traducir su página web al inglés mediante un traductor automático y la máquina convirtió a su presidente en el President More; si tienes un rato lee el artículo de El País, porque es muy divertido).

En el peor de ellos puedes tener problemas legales por interpretar mal términos complejos, o confundir una prohibición con un derecho.

Se podrían argumentar aún algunas cosas más, como la falta de confidencialidad, pero creemos que con esto es suficiente por hoy.

Para saber más sobre el tema

Para terminar, no queremos dejar de recomendarte un par de lecturas.

  1. Este sensacional artículo de Arcadi Espada publicado hace poco en El Mundo titulado La justicia automática que no tiene desperdicio. Nuestros compañeros Luisa Calatayud y Alex Lacomba nos llamaron la atención sobre él.
  2. En el número seis de La Linterna, Carla Parra escribió un artículo muy completo sobre la Historia de la traducción automática.
  3. Y este otro de Nataly Kelly también es muy recomendable: Why Machines Alone Cannot Solve the World’s Translation Problem

 

 

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