¿Tienes un montón de documentos jurídicos que necesitas traducir y no te fías de cualquiera? Haces bien, en esta entrada te vamos a dar algunas pistas para que encuentres a un buen traductor jurídico que te ayudará a resolver ese problema.

Encontrar un buen traductor jurídico no es fácil. La red está llena de personas o empresas que «dicen» saber Derecho y poder traducir documentos jurídicos complejos, y luego resulta que no.

Las consecuencias de una mala traducción pueden ser muy graves: desde echar por tierra un negocio hasta arruinar la reputación del despacho que la contrató.

Con cierta frecuencia nos llegan nuevos clientes que se felicitan por habernos encontrado. Y nos dicen cosas que nos alegran el día, como estas:

Menos mal que os encuentro, estoy harto de malas traducciones.

Por fin alguien que sabe Derecho y entiende lo que traduce.

Sois de las pocas empresas serias en traducción.

No es por darnos pisto, pero estos son algunos de los comentarios que hemos recibido en los últimos meses.

Y es que, equivocarse a la hora de contratar a un traductor es algo que, por desgracia, les ocurre con cierta frecuencia a los abogados y asesores de empresa que necesitan un traductor jurídico especializado.

En esta entrada queremos darte algunas pistas para que tu búsqueda resulte algo más sencilla y fructífera.

Pista # 1: los buenos traductores están altamente especializados

Los traductores profesionales, como todos los profesionales del conocimiento, no podemos saber de todo. Al igual que los abogados o los médicos, solemos especializarnos en determinados campos, no más de dos o tres.

En nuestro caso, la traducción jurídica y financiera son las únicas áreas en las que trabajamos. Y, dentro de la jurídica, tampoco traducimos de todo. Los contratos, los seguros y los documentos mercantiles y judiciales son nuestras subespecialidades.

Otros colegas se especializan en traducir instrumentos financieros o textos de medicina, farmacia, robótica o agricultura.

Por eso, desconfía de las empresas o de los traductores que afirman traducir todo tipo de documentos de todos los campos posibles: Derecho, finanzas, medicina, arte, ciencia, moda, economía, etc.

Pista #2: los buenos traductores suelen trabajar con uno o dos idiomas

La verdad es que a nosotros nos maravillan las personas que dicen traducir 3 o 4 idiomas distintos. Si ya es difícil ser bilingüe, lo de ser cuatrilingüe nos parece un milagro.

Otros dicen que traducen de su idioma materno a otras 3 o 4 lenguas. Eso sí que tiene mérito. O son muy valientes o son unos superdotados. No decimos que no sea cierto, pero nos sorprende bastante que puedan hacerlo bien.

El conocimiento profundo que se necesita de un idioma y de un solo campo de especialidad para traducir documentos complejos no es algo fácil de adquirir. Se necesitan muchos, muchos años para adquirir la preparación y la experiencia necesarias para abordar la traducción de un contrato, una demanda o un informe pericial, por poner solo algunos ejemplos.

Además, suponiendo que el traductor esté verdaderamente especializado y solo se dedique al Derecho, tampoco le resultará fácil conocer el campo en todos los idiomas, porque en cada uno de ellos existen diferencias y particularidades. Por ejemplo, poco tiene que ver el Derecho inglés, con el francés o el japonés. Si traduces documentos jurídicos, más vale que te especialices en un idioma.

Si nos permites otro consejo, no te fíes de quienes dicen dominar todas las lenguas conocidas.

Pista #3: los buenos traductores invierten en su formación

Como te decíamos hace un momento, se necesita mucho tiempo para dominar una sola especialidad (por ejemplo, el Derecho). Estar preparado para hacer una traducción jurídica de calidad requiere años de estudio.

La formación necesaria para afrontar con garantías documentos jurídicos complejos pasa, en nuestra humilde opinión, por saber Derecho. Conocimiento que puede haberse adquirido de forma reglada, en la universidad, o a lo largo de muchos años de estudio y trabajo. Pero, hay que saber Derecho.

Los buenos traductores han invertido mucho tiempo y esfuerzo en su formación, y lo siguen haciendo de forma continuada. El Derecho y las finanzas son campos que evolucionan continuamente. El buen traductor trata de estar siempre al día de todos los cambios más importantes que se producen en los sistemas jurídicos de los países cuyas lenguas traduce. Algo que si eres abogado en ejercicio ya sabes que no es nada, pero que nada, sencillo.

Si buscas un buen traductor jurídico, infórmate sobre su formación, su experiencia y trata de pedir recomendaciones a otros colegas que contraten este tipo de servicios con cierta regularidad.

Pista # 4: los buenos traductores resuelven problemas, no los crean

La confianza es un factor fundamental en nuestro trabajo. Los traductores estamos aquí para resolver los problemas de comunicación de nuestros clientes. Ya lo explicamos con más detalle en esta entrada (aquí).

Nosotros lo sabemos y procuramos estar siempre lo más cerca posible de nuestros clientes. Sabemos que se fían de nosotros para resolver sus problemas de traducción, por eso tratamos de estar disponibles para hablar con ellos cuando es necesario o discutir un proyecto de traducción.

A veces tenemos que adaptarnos a plazos muy ajustados. También sabemos que la traducción de algunos documentos llega al final de un largo proceso de negociación y, en ese momento, se necesita con urgencia. Por eso procuramos ser flexibles y ofrecemos varias opciones que sirvan para resolver el problema.

Esto no implica que digamos siempre que sí a todo. Si lo hiciéramos, estaríamos asumiendo compromisos muy difíciles de cumplir. Por eso, te recomendamos que desconfíes de quienes te dicen siempre que sí, incluso cuando se trata de plazos imposibles.

Una buena pista para confiar en tu traductor es que puedas hablar directamente con él o ella y acordar las condiciones de cada trabajo de una forma beneficiosa para ambas partes.

Pista # 5: los buenos traductores son personas con las que es fácil contactar

Los traductores profesionales somos personas de carne y hueso y nos mostramos como tales en nuestra página web, con nuestra cara, nuestros CV y nuestra experiencia. También solemos hablar como las personas.

Desconfía de quienes se esconden detrás de páginas web estandarizadas, de esas que hablan todas con el mismo lenguaje despersonalizado y están llenas de personas sonrientes dándose la mano. Lo más probable es que el que ha puesto en marcha esa página no sepa nada del negocio que tiene entre manos y se esconda detrás de fórmulas estandarizadas y fotografías de archivo.

Prueba a llamar por teléfono o a escribir un correo. Si te cogen la llamada de forma inmediata o te responden rápidamente, es que hay alguien al otro lado que se preocupa por sus clientes. En ese caso, será más fácil que puedas confiar en esa persona.

Pista # 6: los buenos traductores no suelen ser los más baratos

Sí, es una mala noticia para terminar este artículo, lo sabemos, y sentimos dártela. Pero así es. Los buenos traductores cobran un precio razonable por sus servicios y, ese precio, no suele ser el más barato de los que puedas encontrar en internet.

Uno de los errores más frecuentes que cometen quienes nunca han contratado una traducción jurídica profesional es el de seleccionar, entre varias opciones, la más barata. Lo barato sale caro, decía una de nuestras abuelas, y tenía toda la razón.

Con cierta frecuencia nos llegan peticiones de empresas, incluso de organismos públicos, que pretenden que les hagamos la mejor oferta posible, pero solo en términos de precio. Por lo general, no solemos contestar a este tipo de peticiones que, además, suelen venir en correos masivos enviados con copia oculta a un montón de destinatarios.

Lo que nos dicen claramente estos mensajes es que, o bien el cliente no tiene ni idea del servicio que está tratando de contratar o le importa muy poco la calidad de ese servicio. Razones por las que no solemos participar en este tipo de regateos.

La traducción jurídica es un servicio profesional muy especializado y de alto valor añadido, no es una commodity que puedas encontrar en cualquier parte ni de un producto que se compre al peso. Regatear en el precio puede perjudicarte, más que beneficiarte.

El traductor jurídico es un trabajador del conocimiento que maneja documentos muy delicados. También ha invertido una gran cantidad de horas y dinero en su formación para poder hacer algo tan complejo como trasladar conceptos jurídicos de un idioma a otro.

Nuestro consejo: no te fíes del traductor o de la empresa más baratos. Casi siempre será un principiante o alguien que no valora la complejidad de lo que tiene entre manos, y las consecuencias de su negligencia las terminarás pagando tú.