¿Trabajas mucho y cobras poco? ¿Te preguntas si podrás vivir y disfrutar de la traducción? ¿Estás en ese momento en el que no avanzas y necesitas probar algo nuevo y diferente? Te entendemos muy bien. Aquí te daremos algunas pistas para salir de esa situación y te contaremos una historia muy personal.

Estamos en una época del año en la que muchos traductores buscan nuevos cursos para ampliar su formación, adquirir una nueva especialidad o mejorar la que ya tienen.

Muchos colegas nos preguntan con frecuencia qué pueden hacer para dar un paso más en su carrera, conseguir mejores clientes y acceder a encargos mejor pagados.

En definitiva, para poder acceder a lo que nosotros llamamos el «Club de los grandes traductores».

No hace falta que te digamos que nuestra profesión se está volviendo cada día más compleja. Cada vez hay más competencia y muchos traductores luchan por abrirse camino o, simplemente, por sobrevivir.

¿Quieres que te contemos una historia muy personal? Todavía no se la hemos contado a nadie. Es una primicia.

Una historia personal

Nosotros tampoco lo tuvimos nada fácil. Nuestros comienzos fueron duros, como los de cualquiera.

Al principio, comenzamos traduciendo de todo y yendo por donde nos llevaban los pocos clientes que teníamos. ¿Te suena?

A pesar de haber estudiado Derecho y tener al alcance de la mano una especialidad muy codiciada, no nos decantamos por ella. Pensábamos que nos estaríamos cerrando puertas.

Alguna vez habrás escuchado eso de «no renuncies a nada», «no te cierres puertas», ¿verdad? ¡Ay, qué consejos!

Esa mala estrategia nos llevó a competir por precio con un montón de traductores poco especializados y a traducir para clientes que no valoraban nuestro trabajo ni nuestro conocimiento.

Nuestro momento «¡Eureka!»

Todo cambió con un viaje que hicimos a los EE. UU. en el año 2009. Estábamos algo perdidos y, por alguna razón, pensamos que teníamos que aprender de los mejores, de los grandes traductores.

Así que, ni cortos ni perezosos, nos fuimos a Nueva York al congreso anual de la American Translators Association (ATA) que celebraba, nada menos, que su 50 aniversario. Fue una decisión importante (y una inversión importante) que cambió para siempre nuestra carrera.

En el programa del congreso aparecían muchos traductores a los que seguíamos desde hacía años: Corinne McKay, Judy Jenner, Chris Durban y muchos más. Pensamos que lo mejor era ir a verlos, tratar de conocerlos personalmente y averiguar qué habían hecho ellos para llegar a donde estaban.

Lo que descubrimos cambió totalmente nuestra forma de ver esta profesión. Todos eran grandes traductores, cobraban cantidades inimaginables por su trabajo y trabajaban para los mejores clientes que, en muchos casos, ellos mismos elegían.

Pero, lo mejor de todo, disfrutaban de su profesión.

Además, eran personas tan generosas que, tanto en sus conferencias como en los descansos, tomando un café, le contaban el secreto de su éxito a todo el que quisiera escuchar.

¿Sabes cuál era?  La ESPECIALIZACIÓN.

Todos los grandes traductores con los que hablamos nos dijeron lo mismo:

Especializarse en un campo que tenga mucha demanda, pero que exija un alto grado de conocimiento de la materia es, sin duda, la clave para alcanzar el éxito en esta profesión.

Desde aquel momento no tuvimos ninguna duda y decidimos hacer única y exclusivamente traducción jurídica. Nuestra especialidad.

De hecho, al principio teníamos otro nombre comercial y lo cambiamos por el de Traducción Jurídica. La decisión estaba tomada.

Un nuevo comienzo

Este nuevo comienzo, el segundo, también fue duro. Durante un tiempo rechazamos muchos encargos y dejamos de trabajar para determinados clientes. Nuestro trabajo se redujo y nuestros ingresos también.

Al poco tiempo, sin embargo, descubrimos que los clientes para los que traducíamos documentos jurídicos complejos estaban muy satisfechos con nuestro trabajo. Nos decían cosas como: «Ya era hora de encontrar traductores especialistas que conocieran de verdad la materia, como vosotros»; o «por fin encuentro a alguien de quien me puedo fiar».

Esos clientes empezaron a recomendarnos a otros. También comenzamos a dirigirnos solo a un tipo muy concreto de cliente y, en el plazo de un año, nuestro negocio dio un vuelco radical. Incluso subimos nuestras tarifas un 20 % y no parábamos de trabajar.

Hoy en día, tenemos un trabajo precioso del que disfrutamos muchísimo y que, además, nos permite mantener a toda nuestra familia.

Organizamos nuestro trabajo como queremos, nos vamos de vacaciones cuando queremos, y disfrutamos de nuestros hijos. Todo eso, sin dejar de pagar nuestros impuestos, nuestra hipoteca ni de ahorrar un poquito a final del año.

Este es el trabajo con el que soñábamos cuando nos lanzamos a esta aventura. Ahora sí disfrutamos verdaderamente de esta profesión.

Y, ¿sabes qué? Tú también puedes.

Tú también puedes hacerlo

Seguro que ya sospechabas algo, ¿verdad? Si hay grandes traductores que viven de esta profesión y que, además, viven bastante bien, disfrutando de su trabajo, ¡tendrá que haber algún secreto, alguna estrategia o algún método!

La clave es la especialización.

Por supuesto que hacen falta muchas más cosas para triunfar en un entorno cada vez más complejo, pero la mejor estrategia empieza, sin duda, por especializarse.

La traducción jurídica y la económica son dos de los campos que más trabajo generan para los traductores y son nuestras especialidades.

El Derecho de la empresa (o Derecho mercantil) es una materia que está en medio de las dos disciplinas y en la que entran muchos documentos que llegan a la mesa de un traductor.

Pero hay muchas otras. Campos de conocimiento que cada vez son más globales y que necesitan traductores bien formados capaces de trasladar textos complejos de un idioma a otro.

Desengáñate, para lo fácil ya está Google.


Si tú también estás en ese momento en que te das cuenta de que necesitas probar algo nuevo, adquirir una nueva especialización o profundizar más en la que ya tienes y te gusta el Derecho, sigue con atención este blog. Pronto te desvelaremos algo que te puede interesar.

 

 

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