Tanto si eres abogado como si eres traductor, te interesa conocer el lenguaje tan particular con el que se redactan los contratos anglosajones. Seguro que alguna vez has tenido que enfrentarte a un contrato redactado en inglés y te has encontrado con dificultades para entender algunas de sus cláusulas. Sabemos lo difícil que resulta esta misión para quienes no conocen a fondo el Common Law. En esta entrada vamos a contarte algunas de las características de este lenguaje.

La primera vez que llegó a nuestras manos un contrato redactado en inglés —que debíamos traducir al español— nuestra sorpresa fue mayúscula. El contrato tenía casi cien páginas, innumerables cláusulas de aspecto indescifrable, una lista de términos definidos que no se acababa nunca y, por si esto fuera poco, el cliente lo necesitaba para antes de ayer. Tenemos que confesarte que aquel día lo pasamos bastante mal. Con el andar del tiempo nos hemos ido acostumbrando a traducir estos contratos. De hecho, hoy por hoy, son los documentos que más traducimos y que, tal vez, mejor conocemos.

A fuerza de trasladar al español cláusulas propias del Contract Law anglosajón nos hemos ido acostumbrando a investigar sobre esta disciplina. Ahora es uno de los campos en los que nos sentimos más cómodos, pues llevamos algo más de ocho años investigándolo, estudiándolo y traduciéndolo.

Nuestros lectores y los suscriptores a nuestra newsletter nos venían pidiendo desde hace tiempo que ofreciéramos un curso en línea sobre esta materia. Pues bien, ya falta menos. El curso está casi listo y muy probablemente estará disponible en enero.

Para ir abriendo boca, te traemos hoy esta entrada. En ella te explicaremos algunas de las particularidades del lenguaje con el que se redactan los contratos anglosajones. Vamos allá.

El inglés jurídico como «lengua franca» del comercio internacional

Seguro que ya sabes que el inglés es la lengua del comercio internacional. La mayor parte de las transacciones financieras y las operaciones comerciales entre diferentes países (incluso de habla no inglesa) se realizan en esta lengua. El inglés se ha convertido en la lengua mundial del comercio y las finanzas, y de la mano de estas dos disciplinas está siempre el Derecho. Para poder realizar las transacciones internacionales se necesita plasmar los acuerdos alcanzados en documentos vinculantes que ambas partes puedan entender. De ahí la enorme importancia de conocer el lenguaje tan especial con el que se redactan los contratos en inglés.

 

La jerga de los contratos

Aunque sepas hablar inglés a la perfección es posible que no seas capaz de entender un contrato. Seguro que ya te has dado cuenta de esto.

El lenguaje jurídico es lo que los lingüistas denominamos un «tecnolecto», es decir, un lenguaje de especialidad. En este caso, es un lenguaje que utilizan los juristas y que resulta desconocido para la mayoría de los mortales. Esta jerga está compuesta por numerosas palabras oscuras como arcaísmos, tecnicismos, o palabras de origen francés o latino que no resultan nada frecuentes en el lenguaje ordinario. Los juristas se sienten cómodos empleando esta jerga y piensan que todo aquel que lee un contrato debe conocerla, pero no siempre es así. Especialmente cuando el contrato cambia de país y llega a las manos de un abogado o un traductor español.

¿Por qué los contratos anglosajones son tan largos?

Una de las principales características los contratos redactados en inglés es que responden a los principios del Derecho de contratos anglosajón (Contract Law, que es una rama del Common Law). El Common Law es, como sabes, una de las familias del Derecho más importantes y que se encuentra vigente en países como Inglaterra y los Estados Unidos. Estos dos países, además de ser dos de las principales economías del mundo, han conseguido que su idioma y su Derecho sean los protagonistas de las transacciones internacionales.

Para entender por qué los contratos anglosajones son tan extensos debes conocer algo más sobre el Common Law. Si alguna vez has leído algo sobre esta familia del Derecho sabrás que una de sus principales fuentes creadoras de normas son las resoluciones de los tribunales. El papel que juega la ley en estos sistemas, aunque muy importante, no es el mismo que en los países del Derecho civil o continental. Los sistemas Common Law no disponen de códigos que puedan funcionar como legislación supletoria para todo aquello que no haya sido previsto en el contrato (como ocurre, por ejemplo, en España). Por ello, los juristas anglosajones tienen la costumbre de incluir en el contrato todo lo que se les ocurre sobre la posible evolución de la relación jurídica que tratan de regular. La idea es que no se les escape ninguna posible situación que pueda llegar a ocurrir, ya que, en caso de surgir alguna circunstancia imprevista no podrán acudir a un código civil que les diga cuál de las dos partes tiene razón en la controversia.

Diferencias entre el Derecho inglés y estadounidense de contratos

Las principales diferencias que existen entre los contratos redactados en inglés jurídico de los Estados Unidos y de Inglaterra son de tipo lingüístico. Por ejemplo, existen algunas palabras que significan lo mismo en ambos países, pero que se escriben de forma distinta en cada uno de ellos (USA: labor / UK: labour) (USA: offense / UK: offence) (USA: defense / UK: defence).

También existen importantes diferencias de tipo conceptual entre el inglés jurídico empleado a ambos lados del atlántico, y estas son las que más problemas suelen causarnos a abogados y traductores. Un buen ejemplo son las cláusulas de limitación de responsabilidad (Limitation Clauses). Cuando en un contrato redactado en los Estados Unidos encuentres la expresión indirect and consequential losses, en alusión a que una de las partes no se hace responsable de dichas pérdidas o daños y perjuicios indirectos o consecuenciales, debes saber que dicha parte está eludiendo toda su responsabilidad por el lucro cesante (loss of profit) causado por su incumplimiento (breach of contract) del contrato. Por el contrario, el Derecho inglés no suele considerar el lucro cesante como un perjuicio indirecto, sino directo, de forma que dicha expresión en un contrato inglés no excluiría la responsabilidad por lucro cesante. Todo un galimatías.


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