Como traductores especializados en Derecho y, sobre todo, como profesores de traducción jurídica nos enfrentamos a menudo a la pregunta de algunos alumnos interesados en saber quién es el mejor traductor de textos legales: ¿el licenciado en Derecho con conocimientos de idiomas, o el licenciado en traducción e interpretación que se forma y especializa después en Derecho? 

No existe una respuesta fácil, ni probablemente una sola respuesta a esta pregunta. Quizá porque ambos hemos estudiado Derecho, solíamos pensar que un jurista tiene cierta ventaja sobre un traductor a la hora de abordar las complejidades de un texto jurídico. Con el tiempo nos hemos ido dando cuenta de que las dificultades lingüísticas de cualquier contrato o sentencia no son, ni mucho menos, de menor importancia.

Tal vez por eso, lo ideal sería tener las dos licenciaturas, cosa poco frecuente en la práctica, o haber estudiado en profundidad el Derecho español, el Common Law y las técnicas de traducción.

Hace algún tiempo nos encontramos con esta conferencia pronunciada por el gran maestro de traductores, don Enrique Alcaraz Varó, allá por el año 2000. En ella cuenta una ocasión en la que tuvo que enfrentarse a esta misma pregunta, hecha con muy mala intención, además. El texto completo de la conferencia es muy largo, pero hemos querido reproducir aquí esa parte del texto porque vale la pena leerlo y reflexionar:

«Recuerdo que en el curso de uno de los seminarios en Bruselas uno de los traductores me preguntó: “En su opinión, ¿el traductor de inglés jurídico debe ser un jurista especializado en traducción o un traductor con suficiente base jurídica?”. Él era jurista, yo no soy jurista, y también sabía yo que la mitad de los participantes en el seminario eran especialistas de formación básica en traducción, y la otra de especialistas de formación básica en Derecho. Para evitar que aquello fuera una trampa saducea, y con el fin de no molestar a la mitad de la audiencia, le contesté: En lo que se refiere a la traducción jurídica, con tal de que sean buenos traductores, los dos valen. No obstante, como noté una cierta arrogancia en su pregunta, le conté una pequeña anécdota que me sucedió a mí.

Un turronero de Jijona desde hacía muchos años vendía lotes de turrón a la población portorriqueña de Nueva York. La gestión de la distribución y de las ventas se la llevaba un norteamericano que actuaba de agente exclusivo. Con la llegada de Fidel Castro al poder, muchos cubanos se exiliaron en los Estados Unidos, con lo que aumentó el número de clientes. El de Jijona pensó que podía vender directamente a los grandes almacenes norteamericanos, prescindiendo del agente que había tenido toda la vida. Éste no tardó en demandarlo ante los tribunales de Nueva York. Hubo una comisión rogatoria a un juzgado de Alicante y me llamó el juez para que le tradujera algunos documentos. Sin embargo, la declaración jurada o affidavit que debe acompañar a toda demanda venía con su traducción al español firmada por un licenciado en Derecho de Nueva York, que daba fe de la veracidad de la traducción. El agente comercial en su declaración jurada decía, entre otras cosas, I have been his sole agent since 1945, que al español se tradujo por “He sido su agente desde 1945”. Yo le hice ver al juez que la traducción contenía fallos. Me preguntó dónde estaban y le dije que la traducción de I have been his agent por “He sido su agente” era incorrecta. Él, que sabía un poco de inglés, pensó que no había error en la traducción. Yo le hice la siguiente pregunta: Al leer “He sido su agente exclusivo desde 1945”, ¿Vd. qué interpreta, que sigue siendo o que ya no lo es? El juez me contestó: “Que no lo es”. Pues ahí está el error, porque el agente comercial afirma en su declaración jurada que lo es, que lo sigue siendo. Le dije a mi interlocutor en Bruselas que ésta era una cuestión lingüística muy importante porque tenía transcendencia para la defensa de las tesis del demandante, cuestión que se le había escapado a un abogado pero que difícilmente le habría pasado por alto a un lingüista».

Qué podemos añadir nosotros a lo que tan bien ha expuesto el maestro. Poca cosa. Nos quedamos con esta frase, que responde muy bien a la pregunta que planteamos en esta entrada: con tal de que sean buenos traductores, los dos nos valen.

 

Referencias:

Alcaraz Varó, E. El jurista como traductor y el traductor como jurista. Universitat Pompeu Fabra. 25 de octubre de 2000. Disponible en línea en: http://www.upf.edu/factii/activitatsfti/lliconsfti/alcaraz.html

 

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