Antes de empezar tenemos que confesarte algo: no tenemos ni idea de cómo se hace esto. Aunque, podemos contarte cómo hemos sobrevivido nosotros a este pasado verano — que, además, hemos disfrutado mucho— siendo los dos traductores autónomos y con dos niños pequeños a quienes atender. Esperamos que puedas sacar alguna idea interesante si tu caso es parecido.

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Foto de Mubarak Fahad en Flickr.com

También debemos empezar esta entrada pidiendo disculpas a nuestros amigos del hemisferio sur. Tenemos muchos lectores en sitios tan estupendos como Argentina, Perú, Chile o Colombia. Sabemos que allí estáis en pleno invierno y que no tendréis vacaciones hasta enero. Bueno, no os preocupéis, ya queda menos. ¡Mucho ánimo!

Tras estas advertencias previas, podemos empezar esta entrada en la que queremos contarte algo más sobre nosotros y sobre cómo es nuestra vida durante los complicados meses de verano. Por un día nos vas a permitir que dejemos a un lado los aburridos artículos sobre inglés jurídico con los que te torturamos periódicamente para hacer una entrada algo más personal.

Los que vivís en España ya sabéis lo duro que es ser autónomo (eso que algunos llaman freelance). Pagas un montón de impuestos (muuuchos más que en la mayoría de los países que nos rodean), tienes menos prestaciones y beneficios sociales que los empleados por cuenta ajena, no tienes vacaciones pagadas y, por si fuera poco, tampoco tienes un jefe al que echarle la culpa de tus desgracias. A pesar de todo, es la forma que nosotros hemos elegido para organizar nuestra vida y nuestra profesión, pues tiene una ventaja enorme e inigualable: la libertad. No tienes que pedir permiso a nadie para cuidar de tus hijos, coger vacaciones o viajar a donde te de la gana. Eso sí, para poder disfrutar de esta libertad y que ello no afecte a tu trabajo conviene tomar algunas precauciones.

  1. Avisa a tus clientes

Como trabajador autónomo solo tienes que dar cuenta de lo que haces a tus clientes, atenderles correctamente y, por supuesto, avisarles con suficiente antelación de tus vacaciones. Esto es algo que nosotros siempre hacemos uno o dos meses antes de irnos de vacaciones. Escribimos un correo a los clientes más habituales y les decimos los días que vamos a estar disponibles, los días que estaremos de viaje (parcialmente disponibles) y los días que no estaremos «nada» disponibles.

  1. Busca un lugar donde compaginar trabajo y descanso

Salir de tu lugar habitual de residencia es algo muy recomendable. Si puedes trasladarte a un lugar de playa o a un pueblo donde además tengas familia cerca, mucho mejor.

En nuestro caso somos los dos autónomos y tenemos dos niños pequeños: una niña de un año (Sofía, que nació el verano pasado) y un niño de seis años (Nicolás, que estos meses tiene tanta energía como tiempo libre). Para poder sobrevivir a casi tres meses sin cole en los que debes seguir trabajando la mayor parte del tiempo y a la vez atender a los enanos decidimos, hace ya algunos años, irnos al sur de España a pasar el verano. En la Costa del Sol, muy cerca de Málaga, teníamos un apartamento familiar que no se usaba demasiado y con un poco de pintura y cuatro muebles de Ikea lo convertimos en nuestro refugio estival. El sitio es estupendo, tiene un gran jardín, una buena piscina y está a tan solo 50 metros de la playa. La zona está muy animada todo el año, no solo en verano, pues aquí vive de forma continua mucha gente que trabaja en Málaga, por lo que tenemos muchos comercios y tiendas en las cercanías. Como el año pasado nació la pequeña en pleno verano y no pudimos hacer ningún viaje, este año decidimos resarcirnos y dos días después de que al mayor le dieran las vacaciones en el colegio, cogimos nuestras maletas y nos fuimos para allá.

Nuestro refugio veraniego

Nuestro refugio veraniego

  1. Establece turnos de trabajo y «gestión» de niños

Pero, ¿cómo se organizan estos dos para poder trabajar y al mismo tiempo cuidar de los niños? te preguntarás. Pues con  mucha paciencia, unas grandes dotes de organización y la ayuda de unos abuelos que viven muy cerca, para qué te vamos a engañar.

El mes de julio ha sido muy intenso de trabajo (uno de los más intensos de estos últimos años) y hemos tenido que organizarnos en tres turnos: el de mañana, de unas tres o cuatro horas, en el que uno de nosotros trabajaba y se encargaba de hacer la comida, mientras el otro se iba con los niños a la piscina o a la playa; el de siesta, de una hora más o menos, que aprovechábamos para escribir en el blog, trabajar en nuestro próximo curso (Derecho mercantil comparado FR-ES para traductores) o preparar materiales para el futuro mientras los peques dormían; y el de noche, el peor de todos y de duración indefinida que hemos tenido que utilizar cuando no había más remedio. Por las tardes procurábamos estar los dos con los niños en la piscina o haciendo alguna excursión.

El sistema es duro, no cabe duda, pero en julio no tuvimos más remedio que utilizarlo a diario pues ese mes no estábamos de vacaciones. Por suerte, agosto ha sido más tranquilo, como cabía esperar, y hemos podido descansar, hacer planes con la familia al completo y no tener que utilizar el turno de noche. Además, los quince primeros días del mes los reservamos exclusivamente para nosotros.

  1. Consigue una buena conexión a Internet y utiliza «la nube»

Si tu trabajo te lo permite, y puedes llevarte tu oficina contigo, como es nuestro caso, lo único que necesitarás será una buena conexión a Internet y algunas herramientas en línea.

Este verano, tan solo nos hemos llevado a la playa un portátil, al que hemos acoplado un teclado y un ratón externos, y un pequeño accesorio para elevar la pantalla y que la visión sea más cómoda. Contratamos un router 4G que no tiene permanencia y te da una velocidad de acceso a Internet bastante buena. Con él hemos trabajado la mar de bien. Antes utilizábamos otro dispositivo wifi 3G más lento y con límite de descarga que nos complicaba un poco la vida.

En el portátil llevamos instalados los programas justos y necesarios: el navegador (Chrome, con sus correspondientes extensiones), MS Office, nuestro Trados Studio (herramienta ya casi imprescindible), Abbyy FineReader (para convertir documentos a Word), LastPass (para gestión de contraseñas), Skype y poco más. Con estos programas lo hacemos casi todo. Por otro lado, el 95 % de nuestros archivos los tenemos en la nube, repartidos entre Dropbox y Evernote. Estos servicios, con los que trabajamos a diario y compartimos archivos con clientes y colegas, se han convertido en herramientas esenciales de nuestro trabajo. Tan solo guardamos aparte algunos documentos de clientes especialmente sensibles o confidenciales.

Nuestra zona de trabajo

Nuestra zona de trabajo

  1. Busca algún momento para disfrutar sin niños

Sí, también es bueno desconectar un poco de la rutina familiar y buscar amigos con los que pasar un buen rato de vez en cuando. Nosotros conseguimos salir a cenar solos algunas noches gracias a la ayuda familiar. Por si fuera poco, contando con la inestimable colaboración de nuestro colega y sin embargo amigo Sergio España, hemos tenido tiempo de montar una cena de traductores en un chiringuito de playa cercano a nuestra casa. Aunque fuimos pocos, lo pasamos genial esa noche, conocimos a algún colega que no conocíamos y ya hemos conspirado para celebrar la segunda edición el verano que viene. Te dejamos una foto del encuentro.

Cena en "Los Manueles"

Cena en “Los Manueles”

  1. Decide cómo quieres vivir tu vida

En el fondo, todo consiste en elegir. La vida te obliga constantemente a tomar decisiones optando por unas cosas y renunciando a otras. Hace ya unos siete años, nosotros elegimos un tipo de vida del cual no nos arrepentimos. Dejamos dos empleos con contrato fijo y bien remunerados y nos establecimos por nuestra cuenta como traductores autónomos para llevar nuestro propio negocio. También decidimos formar una familia, sabiendo la responsabilidad y el trabajo añadido que ello supone, y decidimos que no íbamos a renunciar a vivir por mucho trabajo que tuviéramos. Así que hemos aprendido a organizarnos la vida de forma que podamos disfrutar del tiempo libre, de la familia y seguir trabajando bastante, como hemos comprobado este verano.

Dice Pilar Jericó[1] que «ser empresario es escoger un tipo de vida. No una profesión, sino un tipo de vida. Tu vida profesional se mezcla mucho con tu vida personal. (…) Si no te gusta esa forma de vivir, no hay nada que hacer». Pues eso.

Este ha sido nuestro sistema este verano. Exige algunos sacrificios y mucha organización, es verdad, y no todo el mundo puede ponerlo en práctica, lo sabemos. Pero si tu trabajo te lo permite y está en tu mano intentarlo, te animamos a que lo pruebes: merece la pena. En cualquier caso, esperamos que algunas de estas ideas te resulten útiles. No queremos hacer aquí un alegato de la libertad personal, el movimiento slow o el life-style business. Tan solo queríamos contarte cómo habíamos pasado el verano y cuál había sido nuestra experiencia, pues se lo habíamos prometido a los suscriptores de nuestra newsletter.

Y tú, ¿cómo has pasado el verano?

 

Nota:

[1] Entrevistada por Pedro Meyer en su libro Emprendedores (Editorial Alienta, 2009, pág. 22).