¿Estás pensando en dedicarte a la traducción jurídica, pero no te atreves porque no la dominas? ¿Llevas tiempo traduciendo estos documentos y aún tienes dudas? En esta entrada te enseñaremos a evitar algunos de los típicos errores que se cometen en este campo.

Todos hemos sido novatos alguna vez. Nadie nace sabiendo y también nosotros hemos cometido en nuestros inicios muchos de los errores de los que te vamos a hablar.

A nosotros nos han costado más de un disgusto, pero, con el tiempo, hemos aprendido a evitarlos. A ti te resultará más fácil, si sigues nuestros consejos.

El campo de la traducción jurídica tiene sus propias reglas y convenciones. Debes conocerlas para evitar caer en sus trampas.

Durante los próximos días repasaremos los errores más graves que suelen cometerse en la traducción de documentos jurídicos y te enseñaremos a evitarlos.

Empezaremos con estos tres errores:

  1. No respetar el formato del documento original.
  2. Utilizar las reglas ortotipográficas de la lengua de partida.
  3. Fiarse a pies juntillas de los diccionarios o de sitios como Proz.com y Linguee.

Esto es lo que debes hacer. Vamos por orden.

Respeta siempre el formato del documento original

Algunos traductores tienen la costumbre de utilizar plantillas o documentos modelo en sus trabajos y aplican siempre el formato de textos semejantes en español. Piensan que así producirán una traducción más precisa del documento extranjero que han recibido.

Nosotros creemos, sin embargo, que esto es un grave error. Si lo hacemos, estaríamos cayendo en una «familiarización» excesiva. Es decir, que estaríamos dando la impresión al lector de que se trata de un documento redactado originalmente en español, cuando debe quedar claro que se trata de una traducción de otro idioma.

Situar nuestro trabajo dentro del contexto adecuado resulta esencial para que el destinatario lo entienda e interprete correctamente.

Por otro lado, los documentos jurídicos de países como Inglaterra o los Estados Unidos suelen tener un formato y una estructura muy diferentes a las de los documentos similares de otros países.

Por ejemplo, si tienes que traducir una sentencia de un tribunal británico, de poco te va a servir coger una sentencia española para tratar de reproducir sus partes o su estructura. Se parecen lo que un huevo a una castaña. Lo mismo podría decirse de un certificado de defunción, una partida de nacimiento o una escritura de compraventa inmobiliaria.

A lo mejor te han explicado que una manera de documentarse es utilizar textos paralelos. Eso está bien, nos pueden ayudar en alguna medida a identificar problemas textuales y a tener una visión global del documento. Pero no trates de copiar su formato ni su estructura, pues no le estarás haciendo ningún favor a tu cliente.

Utiliza las reglas ortotipográficas de la lengua meta

Como ya sabes, cada lengua tiene sus propias reglas y convenciones ortotipográficas. Los diferentes sublenguajes de cada idioma también tienen las suyas.

Por ejemplo, en el inglés jurídico abundan convenciones como el uso excesivo de la mayúscula inicial, el empleo de letras góticas en algunos documentos, o el uso de la negrita en ciertas frases rituales.

Muchas de estas reglas no son más que costumbres consolidadas a lo largo del tiempo mediante el uso de los participantes en ese lenguaje, por eso las denominamos «convenciones». La mayoría de ellas no tienen influencia alguna sobre el significado del texto. Por eso podemos y debemos, en muchos casos, prescindir de ellas para utilizar las de nuestra propia lengua.

SALVO cuando estas convenciones tienen una determinada función en el documento que estamos traduciendo. En ese caso, debemos respetarlas.

Aquí te dejamos un vídeo en el que explicamos un ejemplo de lo anterior: Sobre las mayúsculas en los contratos.

No te fíes completamente de los diccionarios ni de sitios como Proz.com o Linguee

Los diccionarios no tienen todas las respuestas. Cualquiera que lleve algo de tiempo dedicándose a la traducción ya lo sabe.

Los traductores novatos, sin embargo, tienden a fiarse mucho de los diccionarios, pues son una fuente de consulta rápida y, aparentemente, cualificada. Sin embargo, con el tiempo aprendes a desconfiar de ellos.

Si te contáramos los errores de bulto que hemos encontrado en diccionarios muy prestigiosos, te sorprenderías.

Cuanto más profundizas en una materia, como el Derecho o las finanzas, más te das cuenta de la enorme complejidad terminológica que encierra. Recoger en un solo libro todos los matices y las complejidades de 5.000 o 10.000 voces con sus equivalentes en otro idioma nos parece casi una misión imposible.

Es verdad que sirven como guía y hasta como orientación para determinados términos de uso común. Pero muchos de ellos presentan importantes errores cuando se trata de conceptos complejos o con múltiples significados en función del contexto.

Lo mismo, o incluso más cosas, podrían decirse sobre sitios web como Proz.com o Linguee. Ambos pueden servirnos como referencia, pero nada más.

Ten en cuenta que algunas de las personas que contestan en Proz no tienen la formación necesaria para aconsejar sobre determinadas traducciones. Su único afán es ganar puntos para aparecer de una forma más visible en el portal y atraer a posibles clientes. Otras, con muy buena intención, simplemente no dominan la materia.

Por otro lado, el hecho de que se consideren como las mejores traducciones aquellas que obtengan más votos, tampoco nos parece la mejor fórmula. La democracia está muy bien como sistema político, pero tener más votos no te hace mejor traductor.

Linguee también es un buen recurso, pero no te fíes del todo de lo que allí encuentres. Aunque aporta contexto, verás muchas veces cómo un término o una expresión aparece traducido de muchas formas diferentes, incluso por la misma empresa u organismo y en el mismo contexto.

Si pensabas que las traducciones de Linguee que proceden de la Unión Europea son las más fiables, sentimos desilusionarte. La UE cada vez subcontrata más trabajos de traducción y uno de sus intereses es subcontratar lo más barato posible.

Todo el mundo sabe lo que se obtiene cuando solo se busca el precio más bajo, ¿verdad? If you pay peanuts, you get monkeys. O, como decimos en España, nadie da duros a cuatro pesetas.

 


Estos son solo algunos de los errores más frecuentes que pueden dejarte en mal lugar ante un cliente.

Sigue leyendo nuestras próximas entradas, porque en ellas revelaremos nuevas peculiaridades de este campo de la traducción y te enseñaremos a evitar otros tantos errores habituales.

Mientras, si quieres aprovechar a tope este verano para aprenderlo todo sobre la traducción jurídica y financiera, te recomendamos que les eches un vistazo a estos cursos:

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«Traducción económica y financiera»

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Como en agosto descansamos, si te apuntas ahora tendrás un mes más para estudiar.

 

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